Estudios científicos han demostrado que una vez que se resuelve la presión financiera, es decir, cuando se gana suficiente para mantener la nevera llena y los pagos al día, el dinero cesa de ser un elemento motivador.
El dinero, como tal, es razón insuficiente para levantarse en la mañana y dar lo mejor de sí, resulta ser tan solo un paliativo para la falta de dirección e inspiración que cuando se alcanza no deja más que un amargo sabor en la boca y la necesidad de lograr más para ver si así llena el vacío que dejó no crear más nada que una cuenta bancaria inflada.
Los grandes hombres de la historia, a pesar de haber hecho una gran cantidad de dinero, han afirmado que las recompensas monetarias han sido una consecuencia de sus acciones, y no la causa de ellas.
Aquellos lideres que, con su ejemplo, impulsan a generaciones completas a buscar sus sueños, no lo hacen diciendo: Gánate un millón de dólares. Lo hacen con mensajes reales de autoestima, familia, valores y crecimiento personal/social.
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