Las estrellas pueden ser pequeñas pero matonas. Tomemos una estrella que apareció de repente en la constelación de Casiopea, la reina, hace más de cuatro siglos. Se la conoce como la supernova de Tycho, por Tycho Brahe, un astrónomo danés que la observó y escribió sobre ella. En esa época, ni Tycho Brahe ni nadie sabía el por qué de la erupción de la estrella. Hoy, sin embargo, sabemos que fue una explosión. De hecho, fue un gran “puñetazo” de una estrella pequeña: una enana blanca, el cadáver pequeño y denso de una estrella que fue en su momento como el Sol.
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Casiopea, la reina, se eleva a lo alto en las tardes de otoño. Las estrellas más brillantes de la constelación forman la letra W. Estas cinco estrellas son más grandes, más pesadas y más brillantes que el Sol. Pero hay una que supera a las demás.
Forma el centro de la W. Si sumamos toda su energía -no sólo la luz visible- brilla unas 40,000 veces más que el Sol.
Y es que la masa de Gamma Cas es unas quince veces superior a la del Sol, y su diámetro cientos de veces más grande. Un monstruo así emite mucha energía al espacio.
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