Las estrellas pueden ser pequeñas pero matonas. Tomemos una estrella que apareció de repente en la constelación de Casiopea, la reina, hace más de cuatro siglos. Se la conoce como la supernova de Tycho, por Tycho Brahe, un astrónomo danés que la observó y escribió sobre ella. En esa época, ni Tycho Brahe ni nadie sabía el por qué de la erupción de la estrella. Hoy, sin embargo, sabemos que fue una explosión. De hecho, fue un gran “puñetazo” de una estrella pequeña: una enana blanca, el cadáver pequeño y denso de una estrella que fue en su momento como el Sol.
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