El sistema nervioso central está constituido por el encéfalo (cerebro, cerebelo, diencéfalo y mesencéfalo) y la medula espinal: y el sistema nervioso periférico, por los nervios.
Aunque es obvio que en su funcionamiento hay algo inmaterial que se escapa al examen y comprobación de laboratorio, no es menos cierto que las funciones cerebrales y nerviosas se desarrollan en esos órganos concretos, y ellos, como todos los demás órganos, para mantenerse en un adecuado estado de funcionamiento tiene que ser nutridos convenientemente mediante los alimentos que continuamente ingerimos.
Ya en la década de los ochenta del siglo XX el profesor Joaquín Cravioto, director del Instituto Nacional de Ciencias y Tecnología de la Salud del Niño de México, demostró que la nutrición condiciona el desarrollo de las células nerviosas.
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