Nos acercamos al mejor momento del año para observar la Vía Láctea. Ahora, su curva aparece baja por el cielo del este al anochecer-desde la tetera de Sagitario en el sur, a Cignus, el Cisne, en el este, y hasta Casiopea, con forma de W, en el oeste.
La Vía Láctea es el resplandor sutil de millones de estrellas que marcan el disco de nuestro hogar galáctico. Pero para algunas de esas estrellas, la Vía Láctea es un hogar adoptivo.
La Vía Láctea es un gigante galáctico. Se hizo tan grande en parte como consecuencia de las uniones de galaxias más pequeñas. Y hoy, es tan masiva que atrae con facilidad a otras galaxias e incorpora sus estrellas.
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Las estrellas pueden ser pequeñas pero matonas. Tomemos una estrella que apareció de repente en la constelación de Casiopea, la reina, hace más de cuatro siglos. Se la conoce como la supernova de Tycho, por Tycho Brahe, un astrónomo danés que la observó y escribió sobre ella. En esa época, ni Tycho Brahe ni nadie sabía el por qué de la erupción de la estrella. Hoy, sin embargo, sabemos que fue una explosión. De hecho, fue un gran “puñetazo” de una estrella pequeña: una enana blanca, el cadáver pequeño y denso de una estrella que fue en su momento como el Sol. 
















