El estado mental necesario para tener una idea es fascinante.
Primero, es difícil de alcanzar; considera que el cerebro está constantemente dando vueltas a concatenaciones entre ideas lógicas con ocasionales saltos de analogía casi imposibles de reproducir de manera consciente o voluntaria.
Además, contiene de manera intrínseca una trampa difícil de evitar: En los momentos de lucidez de una idea, todo parece claro, con piezas encajando como deben, lógica y analogía coinciden en la absoluta certeza de que todo tiene sentido. Pero así como vino ese instante, así también se irá, dejándote con la vaga memoria de una buena idea que no recuerdas con precisión sin una pizca del entendimiento… a menos que captures tu “insight” de alguna manera.
Existen muchos místicos que han afirmado que las ideas existen todas dentro del marco del inconsciente colectivo, explicando este extraño estado de lucidez como una coexistencia con el pensamiento global, descifrando las señales dejadas en el universo por una preocupación de escala masiva.
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