Ha pasado, en la vida de todos nosotros, alguna instancia en la que nos damos cuenta que la admiración, amor, respeto (o incluso rechazo, odio o irrespeto) que sentimos ante una persona resulta consecuencia de la imagen mental que tenemos y no de la realidad de la persona.
Puede ser por el lado negativo cuando, por ejemplo, alguien que nos ha lastimado adquiere una demonización de su palabra y obra, pareciendo que toda acción es consecuencia de una planificada campaña de odio contra ti… cuando en realidad son simplemente las cosas que esa persona hace por naturalidad y queda de ti aceptarla o alejarla de tu vida.
Pero más peligrosa es la idealización: cuando alguien consigue, en tu mente, acercarse tanto a la perfección que todo mal paso es justificable, y todo gesto contiene tras él una luz y coraje digna de una divinidad griega como Orión.
Ver más…















