Es el décimo mes del año en el Calendario Gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva de haber sido el octavo mes del calendario romano (en latín “octo”, que significa “ocho”), cuando el año empezaba en marzo y octubre realmente era el octavo mes. Según la Real Academia (RAE), “octubre” es la forma preferida en el uso culto, aunque “otubre” no se considera incorrecto.
A lo largo de los últimos 6,000 años, numerosas culturas han diseñado diferentes calendarios. Algunos están basados en los movimientos de la Luna, otros en el Sol y otros en ceremonias ligadas a acontecimientos importantes. Es un resto del primitivo calendario romano, cuando el año empezaba en marzo y octubre realmente era el octavo mes. Todos los calendarios tienen una cosa en común: se reinician a intervalos específicos, al final del año, por ejemplo. Ello pone orden en la vida diaria, pero puede ser molesto para los astrónomos.
Hace varios siglos, cuando había muchos más calendarios en uso, era un problema especialmente serio. Por eso, en 1582, Joseph Justus Scaliger diseñó un sistema sólo para los astrónomos. Se llama el sistema del Día Juliano en honor al padre de Scaliger, Julio, y numera los días de manera secuencial, sin atender a cambio de meses ni de años. Un día juliano empieza al mediodía del Tiempo Universal la hora en los cero grados de longitud. Scaliger eligió el mediodía para que los astrónomos de Europa no tuvieran que cambiar de fecha en medio de una noche de observación.
El 25 de octubre es el 298º (bicentésimo nonagésimo octavo) día del año del calendario gregoriano y el 299º en los años bisiestos. Quedan 67 días para finalizar el año.

