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Espica guía el camino de Virgo

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observatorio1Espica, la luz guiadora de la constelación Virgo, la hace compañía hoy tarde por la noche a la Luna, la cual está en su último cuarto. Se encuentra hacia la izquierda inferior de la Luna conforme ascienden a primeras horas de la mañana, y hacia su izquierda a primera luz.

Relación entre la humanidad y la estrella spica.

La expresión «Spica de Virgo» está latinizada, y viene a significar «La Espiga de la Virgen».

Los sumerios llamaban a la constelación Bad-Tibirat, y a su estrella principal Sib (la Spica actual). Los primeros agricultores relacionaron la constelación de Virgo con la diosa de la fertilidad, Deméter, Ceres (cereal), Perséfone y los distintos nombres de la Diosa Madre que, con el tiempo derivaron hacia la acepción de «Virgen» o «Madre Divina». La Naturaleza es fértil y fecunda porque es pura, virgen, inocente, pues su función no es «concebir el mal». De ahí la expresión «Madre Virgen». La misteriosa Savia es la sustancia prístina que da vida y enriquece a los recursos naturales del Planeta.

El hombre primitivo observó la relación entre la estrella Spica, el agostamiento de la vegetación y el tiempo de recogida del trigo ya seco y maduro. La crecida del cereal coincidía con la presencia de la misteriosa estrella Spica. Puede que por eso, precisamente, la llamaran Spica, la «estrella espiga», y que al grupo de estrellas al que pertenecía se le denominara «virgen», cual la madre pura y providente.

Entre los egipcios ocurría lo mismo, pero en Egipto la referencia del año agrícola la suministraba la estrella Sirio. Era el orto heliaco de la estrella Sirio (su primera aparición al amanecer) que coincidía con la primera inundación anual del Nilo que cubría la tierra con una capa de limo fertilizante.

También en diversas culturas de la antigüedad, se confería carácter sagrado a ciertas piedras como representantes de la «divinidad»(fertilidad, fecundadidad) de la tierra vinculada a cultos de significado agrícola. La fuerza fecunda de la tierra y de las hembras se personificaba en la Diosa Madre, Gran Diosa o Diosa Blanca, y aquellos agricultores comenzaron a venerar pequeñas figurillas de exagerados rasgos femeninos que los arqueólogos denominan «Venus».

Aquella humanidad agricultora (sabiduría del agro o campo) era la de los auténticos campesinos, los pagus, palabra de la que derivó como «pagano» a raíz de la proliferación de las religiones organizadas ansiosas de poder y riqueza blandiendo la excusa de «la civilización y evangelización» y su necesidad de crear algo «contrario a sus dogmas»(=pagano) que consideraban «sagrados». Así, la sabiduría humana ligada a la Diosa Madre Tierra y Naturaleza quedó reducida (aunque salvaguardada) en «los hijos de la Tierra» durante la Historia. En la edad moderna tendente a la concentración en las grandes capitales del capital y sus grandes mercados financieros y empresariales para el beneficio económico a través de la comercialización de los recursos naturales de la Diosa Madre, perduran muy escasos reductos de auténticos campesinos en el campos, aunque siempre los suficientes para que el retorno al seno de la Madre Tierra sea siempre una oportunidad abierta, y no necesariamente física sino en conciencia.

Cada pueblo, cada religión del Mediterráneo, tuvo una Diosa Madre ligada a las estrellas, como la estrella Spica representante de la provdencia de la fecundidad gratuita de la Tierra. La Diosa Madre se asociaba a la estrella, era reina del cielo y madre de los otros «dioses y diosas» (potencias naturales personificadas como hembra o macho por la imaginación humana) que se derivaron de ella. En toda cultura y territorio es la misma historia de La Diosa Madre de la Vida recibiendo distintos nombres: la Sarrat Same de los babilonios; la Reina de las Espigas, Ishtar, como nombraban al planeta Venus; la egipcia Isis y Hathor; la india Lacksmi, la Cibeles de Asia Menor, la fenicia Astar té, la cartaginesa Tanit…

Hubo un momento en que el culto de Venus, Astarté e Isis se confundieron, ya en los albores de nuestra Era, cuando la cultura romana intentaba uniformar el mundo conocido. Por entonces surgió el cristianismo dogmático (que no por llamarse «cristianismo» tuviera que ver con Cristo) que hizo tabla rasa de los cultos anteriores. Incluso este tipo de culto a la Diosa Madre, o la constelación de Virgo, o la estrella Spica desembocó en la madre de Jesús, María. Precisamente en los tiempos en que María dio a luz a Jesús, el planeta Tierra orientaba su cintura o ecuador al universo de modo que cortaba por la estrella Spica de Virgo, la Espiga de la Virgen.

La estrella Spica es la que estaba más cerca del Sol desde nuestro punto de vista cuando se inició el conteo del tiempo gregoriano. Ocurrió el 13 de octubre de 1582. Las personas que inauguraron el calendario gregoriano lo hicieron «drásticamente» convirtiendo al 14 de octubre en 4 de octubre, «borrando» virtualmente 10 días de la memoria histórica. Entonces el planeta Mercurio estaba justo al otro lado del Sol, es decir, la Tierra y Mercurio en oposición, y cuando, desde la Tierra, hacía 13 días que el Sol había pasado por encima de Spica (un 30 de septiembre). El día 13 de octubre los líderes religiosos decidieron que el día 14 de octubre sería el 4 de octubre, día en el que la estrella Spica era la que estaba más cerca del Sol desde nuestro punto de vista.

¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba… Es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… Son una realidad.

Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado  nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.

Fuentes: radiouniverso.org
Imagen: solotarot.com

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