Los meteoros están más resplandecientes en el cielo, se acerca el día de mayor explosión (21 de Abril) y nosotros en Cocinando con los Dioses nos apropiamos de estos fuegos artificiales para celebrar a la Tierra, próximos a festejar su día iniciamos un especial para rendir honor a todos sus regalos.
Hoy el secreto está en CENTRARNOS o ENRAIZARNOS comiendo tubérculos (raíces).
La abundancia de las raíces fue señalada y destacada por los primeros tratadistas sobre costas de Indias1.
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- Cerca de 1590 sintetizaban sus opiniones sobre el particular, sosteniendo que aunque el Viejo Mundo era más rico en frutales y hortalizas, “en raíces y comidas debajo de la tierra paréceme que es mayor la abundancia de allá,” hay tantas, que no sabré contarlas” (Acosta, 1954). Cobo es del mismo sentir, pues dice que los amerindios “no tenían granos, ni semillas ni carne; pero sí infinitas diferencias de raíces” (Cobo, 1890). A pesar de esto, los europeos que vinieron a América, comedores primordiales de granos (trigo y menestras), sólo impulsados por la necesidad entraron en el consumo de raíces americanas ↩























